martes, 18 de octubre de 2011
Planeta.
Envolverse en un abanico de colores, estrellas, nebulosas como Las Pléyades. Ver el reflejo multicolor en tus ojos y tu en los míos. Despierto, está la sábana completamente enrollada en tus delgadas piernas. No te despierto, pero si que lo hace el maldito, para ti, despertador. Abriendo las cortinas de las altas ventanas que se inundan hasta el suelo, apareces tu, me quitas las pequeñas legañitas, para que pueda verte sin las molestas nubosidades. Sigue anudado tu pañuelo alrededor de tu cuello, tu mano, agarrada al nudo que lo ata, y la otra, con las uñas, me acarician el vello de las mejillas. En verano, tus ojos se vuelven verdosos, tu piel sonrosada y me dejas cautivado con tus adorables piernas pálidas, que a lo largo del verano siempre oiré tus quejas de no ligar ningún colorido tono ocre.
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