Su atacante se quedó tiempo allí, observando como el color de su piel iba palideciendo. A parte de eso nada más en ella estaba cambiando, al menos no se veía a simple vista. Podía oír que su corazón hacía rato que no latía. Calculó que ya quedaba poco rato para que todo acabara, y empezara al mismo tiempo. No tenía prisa. Años, siglos y milenios se abrían delante de él. Ahora que ya no continuaría en solitario esa perspectiva de futuro se le hacía más placentera.
Cuando la chica abrió los ojos, él, con una sonrisa más que seductora le dijo:
-Bienvenida a la eternidad, querida.

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