Me quedé quieta, como si aquellas palabras hubieran sido un encantamiento mágico que obligaba a mi cuerpo a quedarse parado. Giré lentamente mi cabeza para poder dirigir mi mirada hacia la voz que acababa de retumbar en la habitación. Me miraba con una mirada penetrante, daba la impresión que estaba enfadada. Moví mis pies bajo las sábanas blancas, los tenía fríos. Miré hacía la ventana, abierta de par en par, entraba una brisa muy agradable. Recorrí con la mirada toda la habitación hasta volver hacia los ojos de ella.
- Lo siento, no sé compartir una cama.
- Si quieres me voy.
Hice ademán de contestarla que no, que no se fuera, que la quería ahí, junto a mí. No podía soportar la idea de separarme de ella. Nos había costado dar rienda suelta a nuestros sentimientos sin pensar en las opiniones de los demás. Ella me puso un dedo en mi labios, "cállate" me susurró.
- Te quiero.
- Yo más. - mi voz sonó ahogada por un suspiro a ver como ella se recogía el pelo y dejaba a la vista todo su cuello. ¿Qué más me daba lo que pensaran? La quería, amaba cada parte de ella, sus pies fríos como los míos y el lunar en forma de estrella en su muslo.

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